8 mar 2010

un joven llamado Albert Einstein.

Un profesor universitario retó a sus alumnos con esta pregunta.
-¿Dios creó todo lo que existe?
Un estudiante contestó valiente:
-Sí, lo hizo.
-¿Dios creó todo?
-Sí señor, -respondió el joven.

El profesor contestó,
-Si Dios creó todo, entonces Dios hizo el mal, pues el mal existe y bajo el precepto de que nuestras obras son un reflejo de nosotros mismos, entonces Dios es malo.

El estudiante se quedó callado ante tal respuesta y el profesor, feliz, se jactaba de haber probado una vez más que la fe cristiana era un mito. Otro estudiante levantó su mano y dijo:
-¿Puedo hacer una pregunta, profesor?.
-Por supuesto, -respondió el profesor.

El joven se puso de pie y preguntó:
-¿Profesor, existe el frío?,
-¿Qué pregunta es esa? Por supuesto que existe, ¿acaso usted no ha tenido frío?.

El muchacho respondió:
-De hecho, señor, el frío no existe. Según las leyes de la Física, lo que consideramos frío, en realidad es ausencia de calor. “Todo cuerpo u objeto es susceptible de estudio cuando tiene o transmite energía, el calor es lo que hace que dicho cuerpo tenga o transmita energía. El cero absoluto es la ausencia total y absoluta de calor, todos los cuerpos se vuelven inertes, incapaces de reaccionar, pero el frío no existe. Hemos creado ese término para describir cómo nos sentimos si no tenemos calor”. Y, ¿existe la oscuridad? -continuó el estudiante.

El profesor respondió:
-Por supuesto.

El estudiante contestó:
-Nuevamente se equivoca, señor, la oscuridad tampoco existe. La oscuridad es en realidad ausencia de luz. La luz se puede estudiar, la oscuridad no, incluso existe el prisma de Nichols para descomponer la luz blanca en los varios colores en que está compuesta, con sus diferentes longitudes de onda. La oscuridad no. Un simple rayo de luz rasga las tinieblas e ilumina la superficie donde termina el haz de luz. ¿Cómo puede saber cuan oscuro está un espacio determinado? Con base en la cantidad de luz presente en ese espacio, ¿no es así? Oscuridad es un término que el hombre ha desarrollado para describir lo que sucede cuando no hay luz presente.

Finalmente, el joven preguntó al profesor:
-Señor, ¿existe el mal?.

El profesor respondió:
-Por supuesto que existe, como lo mencioné al principio, vemos violaciones, crímenes y violencia en todo el mundo, esas cosas son del mal.

A lo que el estudiante respondió:
-El mal no existe, señor, o al menos no existe por si mismo. El mal es simplemente la ausencia de Dios, es, al igual que los casos anteriores un término que el hombre ha creado para describir esa ausencia de Dios. Dios no creó el mal. No es como la fe o el amor, que existen como existen el calor y la luz. El mal es el resultado de que la humanidad no tenga a Dios presente en sus corazones. Es como resulta el frío cuando no hay calor, o la oscuridad cuando no hay luz.

Entonces el profesor, después de asentar con la cabeza, se quedó callado.

El nombre del joven era Albert Einstein.

21 feb 2010

El yo bajo tentación



Texto Bíblico: Apocalipsis 12.11


Jesús venció la tentación del yo retirándose en silencio, y al entrar en comunión con su Padre, encontró fortaleza.

Una vez que Jesús había determinado públicamente hacer la voluntad de su Padre, Satanás estuvo implacablemente tras él. El engañador fracasó en destruir el compromiso del Señor apelando a las necesidades del cuerpo, así que probó con otro punto de ataque, las necesidades del yo.Mi voluntad sólo será fortalecida si la cultivo cuidadosamente en la presencia de mi Padre Celestial. Después del asombroso ministerio de Jesús de enseñanza, sanidad, y milagros, las multitudes quisieron hacerlo rey (Jn 6.15). ¡Y ahí estaba el reino la meta del Padre ofrecido ante él en bandeja de plata!
Pero Jesús reconoció a la serpiente como el instigador, y rechazó la oferta. Él era lo suficientemente fuerte para resistir el llamado de la popularidad, la gratificación del yo. Nada nos distrae tan rápidamente, o debilita tanto la voluntad, como la aclamación y los aplausos de la multitud. Jesús no permitió que Satanás alimentara su yo, esto lo hubiera llevado a la catástrofe. En su lugar, sometió su yo a la voluntad del Padre, eso le dio lugar al triunfo.

Así es como debo caminar yo también. Mi yo es más frágil que mi cuerpo. Si el engañador no logra quebrar mi voluntad al tentar mi cuerpo, tratará de quebrantarla tentando mi yo. El rey David fue engañado en ambas áreas. Primero a través de las necesidades sexuales del cuerpo, que lo condujo al adulterio con Betsabé (2Sa 11). Después fue seducido estimulando los anhelos de gloria, que lo llevó a censar el pueblo (2Sa 24). ¡Qué resultados tan tristes y dolorosos surgieron de ambos eventos!


Jesús venció la tentación del yo retirándose en silencio, y al entrar en comunión con su Padre, logró fortalecer su decisión. Debo actuar del mismo modo, una y otra vez, tan a menudo como el engañador me tiente. Mi voluntad sólo será fortalecida si la cultivo cuidadosamente en la presencia de mi Padre Celestial. «Orando en todo tiempo en el Espíritu» (Ef 6.18), es la única manera de «vestirnos de toda la armadura de Dios» y, por lo tanto, de poder «hacer frente a las intrigas del diablo» (vv. 11).